miércoles, 17 de junio de 2015

ESTERILIZAR O NO ESTERILIZAR, THAT IS THE QUESTION


Cuando nace un bebé todo tiene que ser color de rosa (o azul) o por lo menos intentarlo. Esto es, tener la habitación lista, todos los enseres comprados, los familiares avisados de nuestras costumbres y la casa perfectamente ordenada y, por supuesto, limpia. Tenemos que garantizar un entorno seguro y saludable para nuestro más preciado “tesorito”.


Pero cuando llegas del hospital (nada más aterrizar), lo que te apetece es dormir y que nadie te moleste durante horas (días). Y claro, no es el momento, entramos en una dinámica de objetos que entran y salen de la casa, boca, manos, que caen al suelo, se usan para alimentar, sirven para guardar la leche (o para sacarla), etc. Que hay que mantener limpios, que digo limpios, IMPOLUTOS para el uso frecuente de nuestro nuevo inquilino/a.

Y aquí es donde se genera el CAOS: ¿esterilizamos todo cuanto nos rodea? ¿Solo algunas cosas? ¿Con qué método? ¿Me dará tiempo a tenerlo todo listo para cuando lo necesite?

En este punto, pueden darse varios casos:
  •  Tenéis un bebé que duerme fantásticamente y os da tiempo de aprovechar esas tres horas para hacer cosas.
  • Tenéis ayuda externa y se encarga de las labores de esterilización.
  • Sois familiares de “Milton” y lo de esterilizar lo lleváis en la sangre.
  • Ninguna opción anterior es válida y vuestro parto ha sido por cesárea (además vuestro microondas es enano y no caben la mayoría de los esterilizadores).

En mi caso, como es obvio, me quedo con la última. Con lo que supondréis que el momento de esterilizar se quedó algo olvidado (priorizaba en otras cosas, la verdad). Solamente esterilizaba una vez a la semana y lo hacía “a la antigua”, en una olla grande con agua y todo lo que cupiese dentro.

Pero no penséis que me llevó muchos meses, solo hice esto durante el primer mes. Y la verdad es que no pienso que nos haya ido tan mal. Prueba de ello, es que por ahora, ni un solo resfriado, infección o bacteria ha osado perturbar nuestra tranquilidad. Así que, considero que a veces se juega con el miedo que tenemos todas las mamás primerizas antes cualquier atisbo que nos haga sentir que no estamos haciendo todo lo posible por salvaguardar la salud de nuestro bebé, y esto no debería ser así, porque nos hacen comprar muchísimos trastos (porque no son otra cosa) que ocupan sitio y no son para nada necesarios (como te lo venden, que parece que si no los compras vas a ser la causante de la mayor pandemia infantil del mundo).

Además ocurre que cuando esterilizamos absolutamente todo, estamos creando una burbuja de protección tan infalible que hace que cuando exponemos a nuestro hijo/a a algún contacto con objetos, niños/as, personas o ambientes que no están esterilizados se le presenten todos los virus de golpe ante los cuales no lo/a hemos ido inmunizado gracias a nuestra burbuja impenetrable (y no cojan un simple enfriamiento, sino que pasan directamente a coger una pulmonía).

Pienso que para esterilizar, como para otras muchas cosas en la aventura de la maternidad, el sentido común es el mejor consejo.


¿Habéis esterilizado mucho? ¿Seguís todas las indicaciones para preparar de forma impoluta las cosas, o sois más Mamás/Papás Desastre?