lunes, 18 de mayo de 2015

ODIO A LAS PAREJAS QUE NO SE ESPERAN PARA COMER...



Odio a las parejas que no se esperan para comer (porque no quieren, no porque no pueden). Si, a esas a las que entienden la vida en pareja como la convivencia de dos desconocidos que a veces, comparten ratos juntos (cada uno en su mundo aparte). A esas que te venden la idea de la independencia como forma de vida, de espacio como ley de pareja (y como lo que está bien y lo único a lo que debes aspirar: a "que no te roben tu espacio"). A esas, a las que les importa más cómo se encuentra cada uno, que juntos. A esas que cuando están solos no se miran, ni se tocan y no saben lo que el otro o la otra piensa porque ni siquiera le interesa. A esas que cuando quedas con ellas descubren cosas de ellos mismos porque en casa, en su casa, apenas hablan. Parejas que no conviven, solo comparten piso.


Y no, tampoco me gustan esas parejas que parecen agapornis (pájaros que van siempre en pareja), que tienen que ir a todos lados juntos porque si no, no salen. Y que se preguntan todo antes de actuar (hasta lo más simple), porque si no, no actúan.

Yo entiendo que el espacio en la pareja es importante, por supuesto, y hay que respetarlo. Pero no comprendo que dentro de ese espacio no exista ni un momento de espacio compartido, de ganas de estar juntos.

Y si a esto le añadimos el mundo de los niños/as, ya es algo que me alarma. Padres o madres que pasan tiempo con su hijo/a encargándose, pero sin compartir ni un hueco de ese espacio con el otro progenitor. Que se alegran cuando el niño o la niña solo quiere con él o ella, celebrando que le niegue unos brazos o simplemente poder darle de comer. Me parece fatal que se use como “moneda de cambio” (por los adultos) para justificar el tiempo que no se pasa en su compañía.

Resulta muy triste que esos niños/as crezcan en esa casa donde nada es común, donde solo importa la independencia de cada uno, y que alguien intente inmiscuirse en su mundo (ni lo intentes). Porque luego, esos niños/as serán personas a las que se le pedirá que compartan, trabajen en grupo y se relacionen (y serán juzgados como antisociales o marginados). Sin haber tenido ni la oportunidad de explicarlo, porque ni lo saben ya que, cuando son tus progenitores (tus primeros maestros y grandes ejemplos a seguir) los que te enseñan a mirar con esos ojos al mundo, es la manera en la que aprendes a tratar (o no) a los demás. Creo que todo empieza desde antes. Desde el punto de querer ser pareja, de querer forma una familia, de querer tener algo (o no) en común.